Color camiseta foto carnet

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En este artículo del viaje transmongoliano que hicimos os contaré qué ver en Kazán en un día, o al menos lo que nos dio tiempo a ver a nosotros en el tiempo que teníamos desde que llegamos hasta que salía nuestro siguiente tren para continuar con el viaje.

En Moscú todavía esperábamos al tren sentados en el suelo del andén lleno de gente y comiendo unos plátanos que nos habíamos comprado esa tarde para el trayecto hasta Kazán. Descalzos y con las mochilas tiradas junto a nosotros. Estábamos cansados de haber estado andando todo el día y teníamos ganas de instalarnos ya en el tren. Habíamos reservado tres camas en un vagón de tercera clase, de esos que están llenos de literas hasta en los pasillos en los cuales la intimidad es mínima, pero seguro que la experiencia iba a ser buena.

de Moscu a Kazán

El tren salía de Moscú a las diez de la noche y llegaríamos a las 10 de la mañana. 12 horas para recorrer algo más de 800 km. que separan estas dos ciudades.

El tren llegó puntual y nos fuimos hacia el vagón que teníamos asignado. La provodnitsa (la persona encargada de cada vagón) nos revisó los billetes y nos dejó pasar. En cada billete teníamos el número de cama que nos correspondía y dejamos las mochilas en ellas hasta que más o menos la gente se fue asentando cada uno en su sitio. Debajo de las camas dejamos nuestras cosas dentro de un arcón y poco a poco nos fuimos poniendo cómodos.

Kazán. Tren en Rusia

La gente que había en el vagón era de lo más variopinta. Por ejemplo, la que durmió junto a mí era una mujer de unos 50 años y por la noche se nos puso un pijama con los conejitos de Playboy. Fue graciosa la situación cuando cada vez que se levantaba nos ponía su trasero en nuestras narices. A esta mujer la extrañaba mucho que fuéramos a recorrer Rusia en tren por turismo y trataba de entenderlo haciéndonos preguntas en un inglés muy básico, aunque no le entraba en la cabeza de ninguna manera. Se preguntaba todo el rato el por qué no cogíamos un avión para llegar hasta nuestro destino. Quizá difícil de entender para gente que lleva viajando en estos trenes toda su vida y que posiblemente el comprar un billete de avión lo vea inviable. Era simpática la mujer, aunque tenía un defecto que se desataba por la noche en forma de ronquidos como si un gorrino quisiera salir de su cuerpo (que se lo digan a David que le tiró la toalla a la cabeza para ver si se callaba jejeje).

Kazán. Tren en Rusia

Esa noche yo había estado hablando con un chico joven que se llamaba Valentín y que tampoco sabía inglés, pero poco a poco nos fuimos entendiendo y acabó contándome que era portero de uno de los equipos del Rubín Kazán y que habían sido campeones de Rusia la temporada pasada como demostraba la fotografía que me enseñó en el móvil con la copa entre sus manos. Al día siguiente tenían que jugar en Kazán contra el Lokomotiv de Moscú y por eso estaba viajando esa noche.

Ya tarde, el vagón fue quedandose poco a poco en silencio y solamente se oían los típicos ronquidos por un lado y por otro, pero se dormía perfectamente ya que el traqueteo del tren era lo que más se escuchaba y a mí me resultaba hasta relajante. Tras la ventana ya no había paisaje ninguno y solo algunas luces y el movimiento del tren hacían intuir que nos estábamos desplazando. El transiberiano había comenzado.

Con los primeros rayos del Sol me desperté en un nuevo día. En el vagón ya había gente preparada para bajarse en sus lugares de destino pero a nosotros aún nos quedaban un par de horas hasta llegar a Kazán. La mujer del pijama de Playboy estaba sentada junto a la ventana y mirando al exterior.

 

Kazán. Tren en Rusia

Cruzábamos puentes sobre algunos ríos que serían lengüetazos de la “madre Volga”, el río más importante de Rusia y el más grande de Europa, que delimitó durante mucho tiempo la Rusia europea de la oriental. Realmente la historia de Rusia se ha escrito sobre las aguas de este río. Antiguamente ejércitos y ahora como ruta comercial, el Volga ha sido y es una autopista perfecta para desplazarse y por ello, importantes ciudades se crearon junto a sus orillas, como Kazán, a la que llegaríamos de un momento a otro.

Kazán. Vistas desde el tren en Rusia

Valentín nos dio los buenos días esa mañana. Ya tenía sus cosas recogidas pero volvió a abrir su mochila de deporte y sacó una camiseta de su equipo para regalármela. Todo un detallazo por su parte, aunque realmente me quedaba un poco ajustada ya que le sacaría cerca de 20 kilos más. Me la puse y posamos juntos para el recuerdo. A decir verdad, no me quité la camiseta en todo el día ya.

Kazán. Tren en rusia

Nos comentó que no jugaba hasta por la tarde y se ofreció voluntario para enseñarnos la ciudad, cosa que nosotros  no desaprovechamos, así que cuando llegó el tren a la estación de Kazán nos bajamos todos juntos y nos pusimos en marcha. Lo primero que hicimos fue dejar las mochilas en una  consigna por 3 euros cada uno y así nos librábamos de cargar con ellas hasta la noche.

Nada más salir de la estación ya notamos diferencias evidentes respecto a Moscú. Pese a ser Kazán una ciudad grande, parecía que estuviéramos en un pueblo, en una ciudad mucho más relajada. Había grandes avenidas pero casi sin gente y con mucho menos tráfico que en la capital.

 

Circo ruso de Kazán

Esta curiosa silueta es el circo de Kazán. En la cultura popular rusa, el circo está muy arraigado y en todas las ciudades tienen un edificio expresamente para tal espectáculo.

Qué ver en Kazán. El Kremlin de Kazán

El lugar donde se sitúa Kazán es territorio Tártaro, o lo que es lo mismo, territorio que perteneció a la Horda de Oro mogola y que posteriormente fue reconquistado por Rusia, por lo que el cóctel cultural estaba más que asegurado. Aquí comenzamos a ver ya cambios en la fisonomía de la gente y sobre todo en algunos edificios religiosos. En vez de ver tantas cúpulas bulbosas características de la iglesia ortodoxa, comenzamos a ver más minaretes de las mezquitas musulmanas como la de la impresionante mezquita Kul Sharif que pudimos divisar según nos acercábamos al Kremlin de Kazán. La estampa era preciosa. No podíamos dejar de mirar los tejados azul celeste de la mezquita y los muros blancos como la nieve del Kremlin.

Kremlin de Kazán

Valentín nos llevó hasta la torre Spassky que da acceso al Kremlin de Kazán y tras hablar con una mujer pasamos sin pagar ninguna entrada. No sé si la entrada era gratuita o simplemente nos hizo un favor, aunque me decanto por lo segundo. El caso es que estábamos dentro del Kremlin de Kazán y nos fuimos directos a ver la mezquita Kul Sharif.

Kremlin de Kazán. Mezquita Kul Sharif

La mezquita Kul Sharif Se construyó en el año 2005, justo mil años después de que estas tierras comenzaran a ser habitadas por los búlgaros del Volga. Quizás esta mezquita sea la prueba fehaciente de que el pueblo tártaro sigue recuperando poco a poco sus costumbres religiosas que años atrás la historia le había vetado. Tras el periodo comunista se han ido erigiendo más mezquitas y poco a poco el Islam se vuelve a abrir paso en esta parte de Rusia, aunque los años no pasan en balde y hoy en día la juventud no tiene arraigada la fe religiosa como los más mayores.

Kremlin de Kazán. Mezquita Kul Sharif

Esta mezquita de Kul Sharif en concreto toma el nombre del imán Kul Sharif Seid que murió luchando por la ciudad cuando Iván el Terrible acabó con el Khanato de Kazán en 1552.

Kremlin de Kazán. Mezquita Kul Sharif

Su exterior es bastante llamativo y la verdad que estaba deseando entrar para ver su interior, así que nos fuimos hacia dentro y tras descalzarnos y taparse la cabeza Eva, entramos a una… decepcionante sala. Y si, aunque por fuera era preciosa, por dentro no pasaba de ser una simple sala de techo bajo parecida a la sala de espera de algún centro médico.

Kremlin de Kazán. Mezquita Kul Sharif

Detalle del nombre de la mezquita en ruso justo encima de su entrada.

Unas maquetas, unos documentos históricos y poco más. No podía ser posible que aquí rezaran ¿Y dónde está la sala de oración? El techo que veíamos era bastante bajo ¿Y el resto de mezquita? ¿Y la cúpula? Nos pusimos a buscar y nos metimos por unas escaleras que nos llevaron directamente hasta una terraza desde donde nuestra primera impresión de decepción quedó enterrada y bien bajo tierra. Desde aquí se podía ver el Haram cubierto de alfombras y encima de nosotros la preciosa bóveda de la mezquita. Es una lástima que tampoco se pudieran hacer fotografías, pero bien hubiera merecido unas cuantas. En esos momentos no había nadie rezando puesto que era domingo y solo algunos guardias vigilaban para que no entrara nadie a la sala. También se puede visitar un pequeño museo al que no dedicamos mucho tiempo y volvimos a salir para fuera donde se había quedado esperándonos Valentín.

Kremlin de Kazán. Mezquita Kul Sharif

De aquí nos fuimos hacia la calle principal del Kremlin flanqueada por edificios gubernamentales y donde se haya la catedral de la Anunciación construida poco más tarde de la conquista, con sus cúpulas bulbosas adornadas con estrellas. Entramos a ella y en su interior se repetía lo que ya habíamos visto en otras iglesias ortodoxas. Paredes recargadas de pinturas y dorados, pero que a mí me seguía encantando verlo.

Kremlin de Kazán. Catedral de la Anunciación

Catedral de la Anunciación

En esa misma calle nos encontramos también con  la Torre escalonada Siuyumbiké la cual tiene una considerable inclinación y cuyos orígenes siguen sin saberse. La verdad es que no pega ni con cola junto al resto de edificios, aunque cierto es que la torre lleva aquí mucho más tiempo que cualquier otra edificación.

Kremlin de Kazán. Torre Siuyumbiké

La torre Siuyumbiké y justo detrás, el palacio del gobernador, ahora residencia del presidente de la República de Tatarstán

En un principio a la torre Siuyumbiké la datan de medidos del siglo XVII, pero otros estudiosos piensan que se creó un siglo antes como torre vigía tras la conquista del Khanato.

Kremlin de Kazán. Torre Siuyumbiké

Pero también hay una leyenda de su origen mucho más dramática y que los tártaros han difundido durante muchos años. Se dice que la princesa Siuyumbiké negó contraer matrimonio con Iván el Terrible y por ello este decidió conquistar el khanato de Kazán y conseguir su matrimonio forzosamente. Cuando las tropas del Zar acorralaron la ciudad, la princesa cedió al matrimonio con una sola condición. Que el Zar construyera una torre más alta que cualquier otro minarete de la ciudad y todo ello en menos de una semana. Si lo conseguía, ella sería su esposa. Y así cumplieron los artesanos de Iván, construyendo la torre más alta de Kazán en menos de una semana.

Kremlin de Kazán. Torre Siuyumbiké

La mujer no contenta al esposarse con el Terrible, pidió permiso para subir a la torre mientras se celebraba el convite que les unía y se quitó la vida arrojándose desde ella. Una dramática historia que no es más que una de las varias leyendas que guarda la torre.

Kremlin de Kazán.

El Kremlin de Kazán se sitúa en un montículo donde antiguamente estaba el castillo de los kanes de Kazán y su posición es privilegiada donde se puede ver la confluencia de los ríos Volga y Kazanka. En la foto se muestra la torre Taynitskaya a orillas del Kazanka

Kremlin de Kazán.

La estatua del poeta tártaro Musa Calil, reconocido como principal héroe tártaro de la II Guerra Mundial y ejecutado por los nazis en Berlín, es la encargada de dar la bienvenida y despedida al kremlin de Kazán ya que está situada justo al lado de la entrada en la torre Spassky (detrás)

Qué ver en Kazán. La calle Baumana

La ciudad estaba tranquila. Era domingo y no se veía mucho ajetreo por las calles. Valentín nos llevó a pasear por el centro y nos fue haciendo de guía de lugares que él conocía. No eran muchos, pero al menos no tuvimos que pensar en nada ni mirar ningún mapa para movernos.

Kazán. La calle Baumana

Paseamos por la calle peatonal que lleva el nombre del bolchevique Baumana  y que cruza el casco antiguo de la ciudad. La sensación de pasear por esta calle comercial se me hizo un tanto extraña. Era una calle normal, con personas paseando y sus tiendas de suvenires, pero el silencio de la gente era inquietante y sobre todo nos resultó extraña la música electrónica que se escuchaba como hilo musical a lo largo de toda la calle.

Algunos edificios parecían haber sufrido la devastación de una guerra, mientras que otros parecían lujosos y elegantes inmuebles.

Kazán. La calle Baumana

Kazán. La calle Baumana

Kazán. La calle Baumana

En medio de la calle encontramos un pequeño monumento que marcaba el centro geográfico de Kazán donde pudimos ver los kilómetros que habíamos recorrido desde Moscú y los que nos quedaban por hacer hasta llegar a Pekín. Fue bonito encontrarlo y ver que todavía nos quedaba mucho viaje por delante.

Kazán. La calle Baumana

Al final de la calle Baumana se encuentra el campanario de la catedral de la Epifanía y junto a ella pudimos ver un espectáculo de baile supuestamente tártaro según Valentín, aunque a mí me daba que era el mantra “hare krishna”. La verdad que no nos quedó muy claro de que se trataba.

Kazán. La calle Baumana

Qué ver en Kazán. El canal Bolaq y la plaza del Teatro

La ciudad de Kazán está dividida en dos por el canal Bolaq y el lago Qaban, y fue junto a este último donde nos tomamos un descanso. Valentín nos llevó a una tienda a la que suele ir para comprar unas cervezas y algo de picoteo y nos quedamos sentados junto a unas fuentes frente al Teatro Kamal simplemente haciendo un poco de tiempo hasta que Valentín tuviera que irse a jugar.

Kazán. Teatro Kamal

Una grata sorpresa que me he llevado de Rusia es su estupenda cerveza. La verdad que hay de muchos tipos y muchas veces no sabes cual escoger ni cual tendrá algún sabor raro, pero la verdad que todas las que tomé en Rusia me encantaron y no me parecieron nada caras. Algunos no tuvieron tanta suerte con la bebida elegida y acabaron tomándose una especie de refresco de margarita que daba la sensación de estar chupando un tiesto… ¿Verdad David? jejeje.

Kazán

Al final llegó la hora de despedirnos de Valentín y este le dio a David una fotografía de carnet para que la tuviera de recuerdo. No os comento la cara que se nos quedó cuando nos hizo tan “especial” regalo… La verdad que Valentín fue un tío majísimo y estuvo bien que se nos cruzaran los destinos ese día. Una anécdota más de un viaje tan largo.

Todavía nos quedaba mucho tiempo para estar en la ciudad y poco más sabíamos que ver en Kazán, exceptuando la catedral de San Pedro y San Pablo que no sabía muy bien donde estaba situada pero que si sabía que estaba cerca del Kremlin. Volvimos sobre nuestros pasos pero esta vez siguiendo el curso del canal que atraviesa la ciudad. Éramos de los pocos que andábamos por las calles y muchos de los comercios estaban cerrados. Un domingo en Kazán parece que no hay mucho para hacer.

 

Kaszán. canal Bolaq

Qué ver en Kazán. Catedral de San Pedro y San Pablo

Casi de casualidad llegamos hasta la catedral de San Pedro y San Pablo cuya fachada barroca no pasa ni mucho menos desapercibida en la calle. Sus paredes de color pálido están llenas de ventanas decoradas con cientos de detalles florales y santos enmarcados, y cuya entrada al templo se hace curiosamente tras subir una escalera en curva que hay en el lateral.

Kazán. Catedral san pedro y san pablo

En su interior volvimos a ver una iglesia decorada en todas sus partes, aunque esta ya no está tan recargada como otras y no nos sorprendió mucho. En cambio, su iconostasio con marcos dorados y pinturas de santos me pareció uno de los más bonitos por su aspecto viejo y desgastado donde se podía sentir la impregnación de la historia.

Kazán. Catedral san pedro y san pablo

Kazán. Catedral san pedro y san pablo

Kazán. Catedral san pedro y san pablo

La catedral se construyó en el año 1722 y se cree que fue Pedro el Grande el que puso la primera piedra, pero esto es tan solo otra leyenda más de Kazán ya que no hay ningún documento al respecto que lo constate. Su consagración fue en 1726 y justo ese mismo año se construyó también el campanario que se puede ver junto a ella.

Kazán. Catedral san pedro y san pablo

Tras ver la catedral callejeamos sin un rumbo fijo buscando un sitio donde llenar los estómagos. Al final dimos con un restaurante uzbeko que en sus paredes lucían fotografías de la plaza Registan de Samarcanda y aunque la comida no fuera de las mejores que hicimos en el viaje, tampoco estuvo mal para el precio que nos costó. Tras este breve viaje culinario por oriente medio, nos dispusimos a pasar la tarde sin ninguna prisa paseando por las calles de Kazán.

Calles de Kazán

Esto es solo una pequeña muestra de algunos edificios destartalados que hay en la ciudad, además que podéis ver que prácticamente parece que estuviéramos en una ciudad fantasma.

Una de las cosas que más nos ha sorprendido de los rusos es su dentadura. Si, si… su dentadura. Y es que la mayoría de los rusos tienen al menos un diente de oro. Hacía tiempo que no veíamos eso por España pero en esta parte de Europa y centro Asia parece ser que es costumbre ponérselos como símbolo de riqueza, aunque la mayoría de las veces salta a la vista que de riqueza muchos de ellos no pueden presumir… O vete tú a saber… quizá sí.

Calles de Kazán

Este hombre estaba sonriendo todo el rato, y cuando estaba apunto de tirar la foto, siempre se preparaba, se ponía algo más serio y cerraba la boca, aunque algo se ve relucir de los tres dientes incisivos que tenía de oro.

La única zona en la que vimos un poco de vida y animación fue en un mercado en el que vendían de todo. Estuve mirando para pillarme unas zapatillas porque las que me había llevado me estaban haciendo polvo ya que tenía la suela muy desgastada, pero al final no salían tampoco tan bien de precio y solucioné la papeleta con las zapatillas de repuesto que se había traído David y con las que tiré hasta el final del viaje. Me las dejó nuevecitas y se las devolví algo más gastadillas. Yo creo que según llegó a Londres las habrá tenido que tirar…

Ya que estábamos en el mercado, aprovechamos para comprar algo de cenar esa noche en el tren, que al final volvieron a ser los típicos fideos que prepararíamos con el agua caliente del vagón, comida típica de transmongoliano por antonomasia y que la verdad a mí me encantaban.

Antes de despedirnos de Kazán nos pareció buena idea acudir de nuevo a la montañita donde se ubica el Kremlin y descansar un poco en el césped. La perrería empezaba a apoderarse de nosotros y con el poco tiempo que teníamos tampoco nos íbamos a complicar la vida alejándonos de la estación. Así que acabamos tirados a la bartola bajo las murallas del Kremlin vigilados por las brillantes cúpulas azuladas de la mezquita Kul Sharif.

 

Kremlin de Kazán.

Junto al Kremlin hay una estación perteneciente a la única línea de metro que existe en Kazán y que se ha ido ampliando desde el 2005 que se inauguró. No es tan lujoso e histórico como el de Moscú, aunque por lo visto también tiene algunas estaciones dignas de ver, pero lo que si podéis ver en esta boca de metro es el que ha sido símbolo de Kazán desde 1730. Una serpiente alada que aparece tanto en su bandera como escudo y que está envuelta en muchas leyendas y polémicas sobre su significado.

Kremlin de Kazán. Zilant

Esta especie de reptil con alas se le conoce con el nombre de Zilant.

Iba siendo la hora de acudir a la estación. Recogimos nuestras mochilas de la consigna y nos fuimos hacia el andén donde llegaría nuestro siguiente tren. Habíamos pasado un agradable y tranquilo domingo en una ciudad que parecía dormida. La verdad que no se puede decir que conocimos la ciudad de Kazán perfectamente, ni mucho menos, pero de este día me llevo de recuerdo una camiseta de su equipo de fútbol, un amigo ruso y la visión de la mezquita Kul Sharif abriéndose paso poco a poco entre la ortodoxia rusa. Creo que por esas tres cosas en tan solo un día ya mereció la pena parar en Kazán.

Ahora nos quedaba toda una noche por delante en un vagón de segunda en el que no pudimos reservar tres camas juntas. En esta ocasión David fue el elegido para irse a dormir con tres mujeres (que no jovencitas…) a otro camarote y nosotros compartimos dormitorio con dos rusos más. Solo eran unas cuantas horas de tren y cuando despertáramos estaríamos ya al otro lado de los Urales, recién entrados en el continente asiático y dispuestos a recorrer lo que nos diera tiempo de Ekaterimburgo en tan solo un día.


Víctor del Pozo

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